miércoles, 19 de febrero de 2014

Estadio Luis Franzini, cuando las cosas se hacen bien...



Otro fin de semana de actividad del fútbol uruguayo, otra cancha para visitar. Esta vez, el internacional estadio del Defensor Sporting Club.
Tomada de www.defensorsporting.com.uy

Los violetas poseen una rica historia en el medio, es que fueron el primer cuadro chico en salir campeón. Cuando Peñarol y Nacional se repartían todos los títulos desde que el profesionalismo se instaló en 1932 en el fútbol local, los violetas sorprendieron en el 1976. Tuvieron que pasar 44 años de hegemonía, para que un chico la interrumpiera. El último partido del campeonato, defensor lo jugó de local y como muestra la imagen, dio la vuelta olímpica en su cancha.

El estadio Luis Franzini fue inaugurado en 1963. El nombre fue en honor a un importante dirigente que tuvo el club durante más de 20 años, siendo fundamental para su crecimiento.

Con dicho crecimiento, ya habiendo sido campeón en tres ocasiones (1976, 1987, 1991), se decidió reformar ampliamente el escenario. El club necesitaba un estadio acorde a su papel dentro del fútbol. Las mejoras terminaron un año más tarde: cabinas para prensa más amplias, palcos, reformas en las gradas, entre otras cosas. Desde ese día a la fecha también ha mejorado: se pintaron las gradas, se hicieron más palcos y el tablero electrónico, algo que escasea en las canchas uruguayas.

En ese coqueto escenario, fue por la tercera fecha del clausura 2014, que se enfrentaron Defensor y Juventud. Este último oficia de local en el Parque Artigas. 

La llegada al estadio es fácil, no hay que adentrarse en barrios que tienen calles muy parecidas entre sí. Con ir al parque rodó alcanza para llegar al Franzini. Yo elegí la tribuna local para facilitar la descripción, ya había estado en ambas tribunas anteriormente y la que alberga al público violeta tiene más color. La entrada, pegada a los autitos chocadores. Pregunto qué se habrán imaginado los hinchas de los clubes internacionales que visitaron el Franzini, al ver un estadio inmerso en un parque de diversiones bastante precario. 

Ya dentro del estadio, uno puede observar una gran prolijidad. Una canchita de cemento hacia un costado en la que acostumbran estar jugando chiquilines y hacia adelante la tribuna que tiene las cabinas y por debajo de las mismas un puesto de comida. 


El violeta predomina en todos lados, ya desde afuera se ven los postes de luz pintados. El barrio se siente identificado y más aún se debe de sentir el hincha en su tribuna. Una tribuna que carga gente, exactamente 21 filas de hormigón pintado de violeta. La tribuna tiene un pasillo abajo donde los clásicos hinchas se paran contra el bajo alambrado, donde insultan, alientan, etc.

La tribuna principal está conectada con la cabecera local. Ahí para “La banda Marley”, una hinchada no muy distinta a la de los demás cuadros chicos. No más de 70 personas preocupadas por cantar, alentar y generar música entre banderas violetas.

La mencionada cabecera, posee el marcador electrónico, y detrás del mismo se asoma la rueda gigante del parque rodó. De noche genera una imagen pintoresca, ya que la rueda enciende las luces que posee en su estructura metálica. 

Del lado de enfrente la tribuna visitante, le hace base a la inmensa Facultad de Ingeniera. El violeta de la tribuna contrasta con el opaco gris del centro de educación. 



La cancha: un lujo. Debe de ser junto a la del Parque Central, la que está en mejor estado en el ámbito local. Un césped bien verde y parejito. No existe el “me picó mal” tan utilizado por el futbolista uruguayo como excusa al parar mal la pelota. Esa misma cancha  ve nacer año tras año juveniles violetas. Rolan, De Arrascaeta, Gino, Pais, Silva, son algunos casos de una camada de juveniles que no tienen techo. 

Defensor se convirtió en la última década en una fábrica de jugadores. Lo que ha llevado a Defensor a poder ser competitivo y aparecer en el plano internacional. El club llegó a cuartos de final en las ediciones 2007 y 2009 de la Copa Libertadores, perdiendo en primera instancia con Gremio y en segunda con Estudiantes. Pero esta última edición encierra la particularidad de que en octavos de final eliminó al poderoso Boca Juniors. La ida fue 2 a 2 en Montevideo y la vuelta fue sorpresa violeta al derrotarlo en la mítica Bombonera 1 a 0.

Sin embargo, los partidos de local los jugó en el Estadio Centenario, ya que su estadio no contaba con la habilitación de la CONMEBOL. Pero en el año 2011, volvió a contar con la habilitación.

El violeta volvió a jugar como local internacionalmente al año siguiente ante Velez por Libertadores. Fue un 3 a 0 abajo, pero ese día significó algo importante para los violetas, volver a sentirse locales.

Un estadio con historia sin lugar a dudas, vio al primer campeón chico, vio partidos internacionales, ve a su querido Defensor ante los grandes. Todo adjuntado a una enorme prolijidad y un ambiente digno de reconocer.

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